Apelo al dogma que es tu boca,
y a este impulso canónico, que ya no puedo minorar:
Un beso, un beso, dame un beso.
Apelo al dogma que es tu boca,
y a este impulso volcánico -violento y ardiente-, porque mis ideas están en procesión, y te rezo solamente:
Un beso, un beso, dame un beso
Em